El domingo se me hizo tarde.
Las horas de misa de las Iglesias habituales no me iban bien.
Así que tuve que cambiar de barrio.
Me sorprendo que en la misa de este templo haya una desproporción de jóvenes tan clara.
No es nada habitual ver esto, siempre me voy con la triste sensación de una Iglesia Católica envejecida.
Sin embargo, aquí por cada adulto mayor de edad, hay 4 o 5 chavales de 14 a 20 años. No niños: Jóvenes.
Y es en la calma de un domingo sin agenda, sin la inminencia de nada ni la prisa de llegar a ningún sitio, cuando encuentro, por fin, el momento de deslizarme por la reflexión cubriéndome al abrigo de mis pensamientos para procurarle algo de calor al alma.
Seguro que algunos afortunados encontráis como hacerlo a menudo, pero yo no.
Seguramente un momento normal de hacerlo habría sido el miércoles pasado, al fin y al cabo, yo cumplía años, y qué mejores momentos hay para hacer balance que los fines de ciclo.
Pero lo que digo, como buen miércoles que era no me dejó muy tranquilo. Había mucho que hacer.
Así que no es hasta este momento cuando por fin tengo tiempo de mirarme al espejo.
Y pienso algunas cosas.
Entre otras, caigo en la cuenta, d

Es triste.
En el banco que hay justo delante mía hay unos chavales de unos 18 años.
No están, muy atentos a la celebración de la misa. Rebosan buen humor y despreocupación, mientras uno de ellos tontea con su vecina de banco, hay otro que se esfuerza en provocar la risa de los demás interpretando disimulados bailecitos con cada canción de misa.
Me hace gracia. Yo siempre he encontrado muy bailables las canciones de misa. He recibido en tiempos algún pellizco para detener mi balanceo al son de "Señor, me has mirado a los ojos...."
O una patadita para detener mis saltitos a ritmo de "Osana en el Cielo".
Me hace gracia. Uno de ellos es como mi amigo Alberto, pero sin entradas. Hay otro que es idéntico al hermano de Cristina, pero hace 15 años claro.
La chica se parece a otra de mis amigas.
Se diría que son iguales a nosotros hace 15 o 20 años. Seguro que no sospechan que serán como nosotros. Parecidos.
En ese momento se solapa en mi ánimo el dolor de haber despedido allí mismo a un gran amigo, y la evidencia de que hay otros Marianos, otros Jesus, detrás nuestra, en los primeros capítulos de otras ediciones del mismo libro.
Después de contrastar en el mismo lugar, la muerte y la vida, solo me viene a la cabeza, un tópico. Una frase algo manida. La vida se abre camino.
ENTRENAMIENTOS. Estoy entrenando bastante bien y sin usar los fines de semana (no puedo). A base de madrugones sobre todo. Después de un mes, me encuentro bastante bien, y estoy empezando ya a salir a correr, mas a menudo. Quizás caiga una Media Maraton en Enero.
Sin prisas.
Fotografía:Ignacio Fernandez